
Obra derivada de CC-BY 4.0 ign.es MTN50ImpresoSerie 1875-2022
En mi opinión se puede entender mejor este punto si partimos de que el primer acuerdo que se alcanza, firmado por todas las partes, representante del Mando nacional, del mando italiano y de las fuerzas vascas, es el de Puente Guriezo, la rendición de Guriezo. No dejó de constituir incidente pequeño en el marco general de una ofensiva como la de Santander. Sin embargo, las campañas de propaganda lo han presentado como ante la Historia como uno de los grandes episodios de la lucha.
En la noche del 21 al 22 se trasladan por propia iniciativa y en abierta desobediencia al teniente coronel Ibarrola, desde el valle del Saja a Santoña, tres batallones de la División 50. Ese día 21 el coronel Prada, jefe del XIV Cuerpo, daba la orden general de retirada. La orden se convierte en franca huida o entrega a discreción. A los soldados de «Euzkadi» ya no les interesa la guerra.
La rendición de estas fuerzas a las fuerzas nacionales y en contra de las del general Gámir, constituye una traición a la República. No resulta fácil ocultarlo.
El auténtico acuerdo entre los representantes de las dos fuerzas de oposición, escrito, firmado y con las garantías que requerían las circunstancias, no fue establecido en Santoña, sino en el pueblo santanderino de Puente Guriezo, el 24 de agosto.
Lo firman, de una parte, el teniente coronel jefe de Estado Mayor de «Flechas Negras», don Amilcare Farina, y el comandante español de Estado Mayor de dicha Brigada, don Bartolomé Barba, y de otra, los capitanes del «Ejército Vasco» don Sobrino Eguileor y don Raimundo Pujana. Figura la firma de siete personas más, para dar al documento mayor fuerza.
Según las cláusulas, los batallones vascos deberán rendirse por grupos de unos dos mil hombres, en dos puntos precisos: el puente del Pontarrón y el puente de La Magdalena, ambos sobre el río Aguera. Los grupos entregarán las armas, municiones y cualquier material de guerra, siendo luego llevados a Castro-Urdiales. Quedarán batallones vascos en varios pueblos, con el fin de garantizar la vida de la población civil y asegurar el orden público hasta la llegada de las fuerzas de ocupación, siendo entonces aquellos batallones trasladados a Laredo.
A efectos de posible controversia, es de interés la cláusula séptima, que dice clara y expresamente:
«Se entiende que la rendición es sin condiciones.»
En realidad se trata de una rendición incondicional, firmada en Guriezo y no en el de Santoña.
Según el documento, se respetará la vida de quienes no hubiesen cometido crímenes, pero no se habla de su futuro como combatientes posibles dentro de las fuerzas nacionales ni tampoco de su marcha al extranjero. Hay que suponer que deberán seguir las vicisitudes de todos aquellos que se encuentran en territorio que cambia de mano. A efectos de movilización, la de su respectivo reemplazo, tras la consiguiente depuración.
Se habla de la rendición segura de unos 10.000 soldados, y se dice que están dispuestos a hacerlo hasta un total de 30.000.

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Que se produjeron fricciones entre mandos españoles e italianos no puede negarse, hay documentos sobre el asunto.
El 25 de agosto, entre las seis y las siete horas, se espera, conforme lo pactado, la entrega de unos diez mil hombres, que deben pasar el río Aguera por los dos puentes citados. A las 0930H no ha aparecido nadie. El teniente coronel Farina cruza uno de los puentes y trata de convencer a los oficiales vascos de la oportunidad que tenían de deponer las armas, tras enseñarles el documento de la rendición. El mando de «Flechas Negras» ha recibido ya la orden de ocupar Laredo, Colindres y Santoña.
A las 1330H se presenta al teniente coronel Farina el enlace de uno de los dos oficiales firmantes del pacto pidiendo determinadas aclaraciones, alega la falta de un mando superior y el que las fuerzas propias sólo tienen orden de no disparar sobre las enemigas, «Flechas Negras”, siempre que no se muevan.
Se comunica al enlace que a las 1400H comenzará el avance de la II Brigada de Navarra, que despliega a la izquierda de la suya.
A las 1500H, el teniente coronel Farina, con tres oficiales y dos soldados, cruza el puente de nuevo, internándose en territorio enemigo, en busca de los oficiales que mandaban las fuerzas allí destacadas. En la colina que dominaba el puente no se observa indicio de presencia de tropas, pero sí más adelante, donde les dan el alto y comunican que los oficiales vascos han marchado a Laredo para recibir órdenes.
El teniente coronel encarga a dos «gudaris” que se vayan a Laredo y comuniquen a sus mandos que a las 1600H comenzará el avance de «Flechas», por estimar que lo pactado carecía ya de valor, al no haber sido respetado y cumplido por una de las partes. El teniente coronel regresa al puente y da orden al 4º Regimiento de su Brigada para que iniciara inmediatamente la progresión.
Con algunos incidentes se llega a Laredo, se rinden los soldados que allí se encuentran. Según el parte de 26 de agosto de «Flechas», en Laredo se entregan los batallones Arana Goiri, Amaya, Bolívar, Asociación Vasca (debe ser Acción Nacionalista Vasca), Avellaneda (incompleto), Larrazábal, Ibaizabal, Iturmendi, Loiola (incompleto) y Escurrogotea, y en Limpias, los San Andrés, Itxarkundia, Esacorogoyeta, Villasuera, VII de Ingenieros y parte de los Avellanead y Loiola. (Algunos de estos nombres están incorrectamente escritos.)
Ya de noche las fuerzas italo-españolas marchan sobre Colindres y Limpias, que se ocupan a las 252145H y a las 260100H, respectivamente.
El puente sobre el río Asón, en la carretera de Colindres a Santoña, aparece ocupado en la margen izquierda por fuerzas vascas, que manifiestan tener igualmente la consigna de no disparar si no se avanzaba.
A las 260900H, se le presenta al teniente coronel Farina uno de los oficiales que había firmado el acta de rendición, pidiendo una prórroga del tiempo concedido, porque en Santoña se seguía discutiendo sobre aquélla, sin llegar a ningún resultado concreto.
A las 1200H se presenta el otro oficial firmante del pacto, solicitando una prórroga de veinticuatro horas. El teniente coronel Farina contesta que sólo esperará hasta las 1500H para continuar el avance, cualquiera que sea la situación.
Poco antes del final de este último plazo, vuelve a presentarse uno de los citados oficiales, comunicando que algunos de los batallones de los situados en Santoña no eran de ninguna confianza.
El teniente coronel Farina ordena a los oficiales vascos que tomen las disposiciones necesarias para que a las 1700H comience la salida de Santoña de los batallones, que se encontrarán con los de «Flechas» en una zona de terreno entre Colindres y Santoña.
Sobre las 1530H, se retiran las fuerzas que protegen el puente de Colindres sobre el Asón. Tiran las armas y marchan a Santoña.
Informaciones proporcionadas por Individuos aislados procedentes de Santoña hacen pensar que el pacto no se respeta por no existir una autoridad capaz y reconocida.
Ante esta situación, el teniente coronel Farina, con dos compañías motorizadas, decide apoderarse de Santoña. Rodeando Santoña por Escalante y el Dueso, sorprende a las fuerzas allí destacadas. Libera a los presos y aísla Santoña de Santander.
Algunas unidades vascas marchan a Laredo en perfecta formación, con armas y municiones. Se crea en Santoña una situación ambigua. El teniente coronel Farina, al parecer, consiente y admite algo no incluido en el documento de Guriezo: el embarque de mandos y tropas en los vapores ingleses Bobie y Seven Seas Spray, anclados en aguas de Santoña, con destino a puertos extranjeros.

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El hecho llega a conocimiento de los mandos militares españoles, a través del comandante Barba. Interesante ver el cruce de cartas entre el comandante Barba y el general Piazzoni.
Carta del comandante Barba al general Piazzoni.
Santoña, 20 de agosto de 1937. (error en la fecha, es de 25AGO)
Excmo. Sr. D. Sandro Piazzoni.
Mi respetado general: El Excmo. Sr. General Jefe del Ejército del Norte de quien dependemos dio anoche por teléfono la orden siguiente:
1º. Que se impidiera la salida de los barcos anclados en el puerto.
2º. Que viniera una Compañía de Asalto de Bilbao para proceder a la detención de todas las personas que lo merezcan por motivos distintos.
Se lo comunico a todos los efectos haciéndole presente que también se lo he dicho al teniente coronel don Amilcare Farina, al que como a V. E. le expreso mi más enérgica protesta por todo lo que se haga sin conocimiento del General del Ejército del Norte, de quien dependemos, al mismo tiempo que le hago observar la desfavorable
acogida que tendrá en el pueblo español todo lo que sucede, dado su recto proceder de siempre y los sacrificios que por la causa que defendemos y que tanto interesa a los dos pueblos hermanos, Italia y España, tal vez más al primero, está realizando.
Le saluda cordial y respetuosamente su affmo. s. s. y subordinado.
Firmado: B. BARBA.
Respuesta del general Piazzoni
MANDO BRIGADA FLECHAS NEGRAS
«Agredir para vencer»
n.o 225/0P. Laredo, 28 agosto 1937.Señor Comandante don Bartolomé Barba.
Recibo su carta de esta mañana.
Contesto:
1º. S. E. el Generalísimo debe dar órdenes a mí, que mando, y no a V. S.
2º. Todos los presos de cualquier género, por orden del general Mancini, mi superior, deben ser entregados a él y por él al coronel de Carabineros Pieche; y así se ha hecho.
3º. La Brigada Flechas Negras no tiene nada que ver con todo esto.
4º. Las consideraciones de V. S. son poco respetuosas y poco disciplinadas.
Yo, mis oficiales y mis Flechas Negras, italianos y españoles, hemos por nuestra iniciativa, y solamente por nuestra virtud, obtenido el gran éxito que hoy todos aclaman: nuestro deber ha sido cumplido y tanto España como su Generalísimo deben quedar contentos.
Nosotros italianos, como hermanos, hemos luchado y lucharemos a vuestro lado, sacrificando casa, familia, interés con honestidad de pensamientos y de acción y no podemos admitir ni tolerar consideraciones injustas y poco respetuosas.
En cuanto al recto proceder, no necesitamos enseñanzas ni consideraciones de parte de ninguno.
Yo personalmente no conozco las relaciones que corren por el caso específico entre el Generalísimo Franco y el general Mancini, V. S. mucho menos. Además no es nuestro deber juzgar y criticar.
Hace falta, en circunstancias semejantes, conservar el equilibrio y la calma.
Recambio su cordial saludo y recuerde que le he querido y le quiero, pero soy siempre su comandante.
El General Comandante.
SANDRO PIAZZONI
La autorización de embarque fue iniciativa de los dos jefes italianos. Puede decirse que existieron negociaciones particulares, verbales por todos los indicios, y contrarias a las normas generales que imperaban en la zona nacional respecto al destino que se debía dar a los prisioneros. Desde el punto de vista nacional, tales acuerdos eran ilícitos, al considerarse que ningún mandatario puede ir más allá de los límites señalados a su mandato, y los jefes de «Flechas», como todo mando militar, eran, en el terreno de los acuerdos posibles con el enemigo, simples mandatarios de los mandos superiores y meros ejecutantes de órdenes generales.
El ilegal «Pacto de Santoña» pudo ser concertado entre el general Piazzoni y el teniente coronel Farina, de una parte, y el señor Ajuriaguerra, representante de los nacionalistas vascos, y el capitán Arteche, de otra. Este «Pacto» no cumplía con lo estipulado en la rendición de Guriezo y rebasaba las competencias de un jefe de fuerzas en campaña.
Esta iniciativa italiana da continuidad a los intentos del «Duce» italiano, del pasado mes de mayo, de mediación por su cuenta y riesgo en la cuestión de la rendición de los vascos, buscando una paz separada entre ellos y la España nacional, acción que tuvo el reproche de Franco.
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