
“Imágenes procedentes de los fondos de la Biblioteca Nacional de España”

Centro Geográfico del Ejército. Guía Militar de Carreteras, CG del Generalísimo 1939
Zugazagoitia
«Santander no tenía nada que esperar del Gobierno. En verdad, no tenía nada que esperar de nadie. Su destino era conocido»
El escritor soviético Ilya Eherenburg profundiza en las causas de la derrota
«La caída de Santander fue la expiación del pecado original de la España republicana: ingenuidad, indolencia. Minaron la resistencia de Santander la traición de algunos y la incapacidad de otros, las rivalidades entre diferentes grupos políticos»
La idea de cuál iba a ser el fin de la provincia santanderina, pendiente su suerte militar y política de las operaciones en otros teatros de guerra, la expresa con claridad el Presidente de la República, Azaña, que considera que
«aquello no tiene defensa posible».
El Ministro de Defensa, Prieto, comparte la opinión.
La suerte de Asturias ha quedado echada, no tiene salvación posible. Nadie en el Gobierno de Valencia tiene la más mínima duda. Tampoco en el Estado mayor Central.
Las operaciones.
En su conjunto, una fuerte acción de ruptura seguida de una ininterrumpida maniobra de explotación a fondo y en profundidad del éxito primero.
Lojendio
«El general Franco inició su ataque en la zona que ofrecía mayor dureza para la primera embestida, pero que por lo mismo daba mayor eficacia a la progresión ulterior, pues siguiendo, de Sur a Norte, la dirección que marcaban los valles cantábricos, se llegaba al mar, quedando rebasada la capital de la provincia y formada una colosal bolsa en el flanco derecho.»
La operación de Reinosa fue decisiva y despejó todas las incógnitas. El Ejército enemigo quedó roto y sin capacidad de reacción posterior, y la subsiguiente explotación fue rápidamente conseguida a la velocidad que permitía la ausencia de medios motorizados y las destrucciones del enemigo en las carreteras.
Gámir pudo haber llevado a cabo una retirada escalonada, con relativo orden, apoyándose en las sucesivas líneas defensivas que el propio terreno marcaba, con preferencia a las fortificaciones, por otra parte inexistentes en muchos puntos. No se le dio tiempo de reaccionar, y el General apenas si logró mover sus Unidades de reserva. Para evitar una completa derrota hubiera tenido que disponer de una organización militar completa, material más numeroso y una serie de líneas fortificadas, escalonadas debidamente.
El retraso en la retirada de las Brigadas vascas supuso un grave error, aunque poco se podría haber hecho con esas Unidades, que ya habían decidido abandonar la lucha.
En la campaña de Santander, desde el inicio, todas las posiciones se toman mediante maniobra, apenas se dan asaltos frontales. Esta es la razón de la desmoralización enemiga. Se saben totalmente desbordados por la superioridad militar de las unidades nacionales.
Triunfa la superioridad táctica.

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El empleo de la maniobra es diferente entre las Unidades españolas y las italianas.
Las españolas maniobran como fuerzas de montaña, progresando por las alturas y huyendo del fondo de los valles. La mayoría son ya tropas veteranas en la lucha en ese terreno. Los mandos tienen experiencia y capacidad, y las tropas conocen perfectamente el modo de atacar y defenderse.
En cuanto a la táctica empleada por las tropas legionarias, el informe, de 29 de agosto, del teniente coronel don Francisco R. Urbano, enlace del Mando español con el C. T. V relata
«Prevalecieron los ataques frontales y sólo a última hora se recurrió a movimientos envolventes, que dieron el resultado apetecido, con el mínimo desgaste.»
El C. T. V. concibe de manera magistral la maniobra pero la ejecución es inadecuada. La decisión de progresar por el fondo de los valles costó pérdidas desproporcionadas, las bajas legionarias fueron el cuádruple de las nacionales, frente a un enemigo idéntico en cantidad y calidad. Los oficiales profesionales eran buenos, pero los de milicias todavía no se encontraban preparados. La moral de las tropas ha cambiado por completo desde Guadalajara, ahora es excelente.

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Los nacionales mantienen abrumadora superioridad artillera y de aviación.
En artillería se impone la de montaña, que apoya con pequeños saltos y constantemente el avance de la Infantería, mientras que la de campaña, ligera y pesada, marcha por las carreteras y desde ellas refuerza siempre que puede la acción de las baterías a lomo. General Martínez de Campos
«El esquema táctico es sencillo, una doble sirga, de amplitud notable. Dos caballos marchan por la altura y tiran de la nave que está abajo; y simultáneamente dicha nave, con su fuego protege a los caballos, que les ayuda a avanzar.»
Las numerosas obstrucciones y destrucciones en las vías de comunicación, exige un empleo constante de los zapadores para facilitar el movimiento.
En cuanto a la lucha en el aire, a partir del cuarto día de ofensiva la aviación republicana de Martín Luna, dejó prácticamente de existir. Gamir dispone de más aviones que en Vizcaya pero los esfuerzos para imponerse a la aviación nacional son desde el primer momento infructuosos. Se renuncia a la lucha.

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Los resultados inmediatos para los nacionales son importantes: rendiciones en masa, dominio de extensas comarcas de gran riqueza agrícola e industrial, Reinosa y Torrelavega, puerto y ciudad de Santander y gran cantidad de material de guerra capturado.
Pero los resultados estratégicos son mayores. Coronel Prada
«Las consecuencias militares de la caída de Santander fueron muy superiores a las de Bilbao, y además agotadas las energías de las provincias leales, la reparación de las pérdidas no era ya posible»
La rapidez con que se llevan a cabo las operaciones en Santander compensan el retraso impuesto por la batalla de Brunete.

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Los partes de las diferentes unidades nacionales participantes, en los cuatro primeros días de ofensiva, 14 al 17 de agosto, indican que fueron copados aproximadamente 22 batallones, entre los 10.000 y 12.000 hombres. En los días sucesivos las bajas enemigas disminuyen aunque siguen siendo numerosas.
El parte del día 26 dice:
“El número de prisioneros hechos en los tres últimos días pasa de 35.000, casi todos con armamento.»
El del 27
«Continúan haciéndose prisioneros en gran número, siendo ya más de 40.000 los que se hallan concentrados en distintas zonas.»
Según el informe mencionado del coronel Prada, las pérdidas sufridas en las operaciones de Santander fueron: 40 batallones vascos, 32 santanderinos y 14 asturianos; total, 86 batallones.
«Pérdidas que en su mayor parte correspondieron a deserciones, sublevación de los nacionalistas vascos y copo de Santander.»
Después de aquellas operaciones sólo quedan unos ocho batallones vascos y seis santanderinos, destrozados y con muy baja moral, mas las fuerzas asturianas equivalentes a unos 13 batallones. Los 86 batallones perdidos, totalizarían sobre los 45.000 hombres.
En el informe del teniente coronel Buzón, también mencionado, se dice:
«En resumen se perdió Santander con su Ejército, las cuatro Divisiones del vasco y 22 batallones asturianos, es decir la tercera parte del total de las fuerzas.»
Hay informes todavía más pesimistas. Dos telegramas del Cónsul de España en Bayona al Ministro de Justicia en Valencia, el nacionalista vasco Manuel de Irujo, fechados el 30 de agosto, son elocuentes.
El primero señala, entre otras cosas:
«La operación de Santander es mucho más catastrófica de lo imaginado. Los prisioneros militares pasan de cincuenta mil; treinta mil vascos, veinte mil santanderinos»;
aparte de destacados jefes profesionales, como el comandante Lamas, el comandante Lafuente y los coroneles Vidal, Azcárate, Irezábal y Gibelondo.
El segundo telegrama agrega:
«Rectifico mi anterior cifrado, pues se elevan a unos sesenta mil en total… Gobierno vasco salió para París objeto preocuparse toda intensidad suerte jefes, oficiales, elementos políticos, hechos prisioneros … »
Por lo que respecta a las bajas propias, los partes del Cuartel General del Generalísimo no dan cifras apreciables y los de las diferentes Brigadas y Divisiones son incompletos. El informe del general Kindelán, sobre este asunto dice :
No se hizo sin bajas sensibles una operación que tuvo que luchar con el abrupto terreno y con enemigo numeroso, que luchó a veces bravamente a la desesperada. Los italianos perdieron 16 oficiales muertos y 60 heridos y 335 de tropa muertos y 1.616 heridos. Las fuerzas españolas tuvieron 200 muertos y 700 heridos. Bajas sensibles, pero normales, poco superiores al 7 por 100 de los efectivos combatientes.
En cuanto al material capturado, en las cuatro primeras jornadas de la ofensiva figuran 14 carros de combate, 80 piezas de artillería y un enorme volumen de municiones de todas clases, más la fusilería de 22 batallones. El parte del 26 dice que en los días 23, 24 y 25 se habían cogido 47 piezas ; y el parte del 27 indicaba
que no se había podido clasificar el armamento de todas clases y los millones de cartuchos, munición de artillería, material de fortificación, etc.; habiéndose encontrado en el campo de aviación de Albericia 30 motores de aviones”.
Puede decirse que se capturó todo el material de los Cuerpos de Ejército XIV y XV y unidades agregadas asturianas, salvo la fusilería de los batallones que pudieron replegarse hacia Asturias.
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