
“Imágenes procedentes de los fondos de la Biblioteca Nacional de España”

Obra derivada de Mapas Generales IGN
La característica fundamental de Campaña de Asturias es la superioridad nacional en efectivos, más acusada aún que en las operaciones de Santander. Esta superioridad permitirá al general Dávila articular varias masas de maniobra, con las que ejercer esfuerzos simultáneos potentes desde puntos lejanos. Principalmente se llevarán a cabo desde dos frentes:
- el frente oriental oriental o costero
- y el occidental, interior, o de los puertos de la divisoria.
El coronel Prada deberá hacer frente a ofensivas simultáneas, frontales y de flanco, sin olvidar la amenaza cierta desde el frente estabilizado occidental, e incluso desde Oviedo y su corredor. Y todo con una gran limitación, la escasez de fuerzas no permite a Prada disponer de una verdadera Reserva.
La rápida caída de Santander y la inmediata continuación del avance nacional, no da mucho tiempo para constituir verdaderas líneas defensivas, no hay un frente organizado. La realidad es que las líneas que se presentan al enemigo son improvisadas, pero con mucho esfuerzo y a costa de fuertes pérdidas se logra frenar el avance enemigo.
Una auténtica sangría que Prada no puede reponer. Los batallones se desgastan rápidamente, se trasladan a Avilés, Infiesto y Mieres, donde se reorganizan en lo posible y se envían a sectores menos empeñados, relevando a otros batallones que marcharán a cubrir los huecos que se van produciendo en el frente oriental.
La ofensiva nacional sobre el puerto de Pajares, del 09SEP, abre un nuevo frente muy peligroso . Desde ahí se puede progresar directamente sobre Oviedo o envolver todo el dispositivo defensivo oriental. Prada decide defender el puerto de Pajares a toda costa. Empeña en la lucha tres nuevas Brigadas que no impedirán la ocupación del Puerto, pero que deberán permanecer en la zona para cerrar el avance a los nacionales.
En Oviedo y su corredor también se debe mantener un volumen importante de fuerzas, probablemente las mejores.
Las posteriores operaciones nacionales sobre los puertos de Ventaniella, Tarna y San Isidro fijan otra Brigada. Y se incrementa la amenaza sobre el despliegue interior asturiano donde ya se dibuja el futuro enlace de las fuerzas enemigas de los puertos con las que marchan por la faja cantábrica. Prada
«La situación del Ejército en estas condiciones era por demás crítica »
Además teme la apertura de un tercer frente en la línea del Narcea.
Combate tras combate las bajas aumentan y la capacidad de reposición disminuye de manera drástica. El Ejército del Norte se encuentra ya totalmente desarticulado. Prada:
«Los batallones propios sufrieron tal desgaste, como consecuencia de la continua lucha que debieron mantener sin posibilidad de relevo, que por sucesiva sustitución de mandos y tropa por causa de bajas, perdieron su fisonomía propia, pasando a ser agrupaciones de hombres de escasa cohesión orgánica.»
El 17OCT, Prada expone que sólo dispone en depósito 385 hombres útiles y 361 fusiles. Y añade
«el ritmo de desgaste se acentúa por el número creciente de deserciones, sobre todo de los reclutas últimamente incorporados».
El 18OCT ya no hay frente en el Este ni posibilidades de rehacerlo.

“Imágenes procedentes de los fondos de la Biblioteca Nacional de España”
En muchas ocasiones, la acción de la Aviación y de la Artillería nacional fue resolutiva.
En un informe del jefe del XIV Cuerpo se señala:
«Los bombardeos de la aviación no se interrumpían, dándose el caso de unidades enteras que han quedado sepultadas en las trincheras, produciéndose un 10 por 100 de bajas en cada bombardeo sin haber tenido contacto de fuego con la infantería enemiga» .
La Aviación republicana se empleó con decisión y eficacia . El coronel Gomá dice
«Es preciso reconocer que en Asturias los rojos se han defendido con dureza y que sus aviadores se han esforzado por ejecutar todo lo que les permitía la vigilancia ejercida sobre ellos por la aviación nacional, que les caía encima en cuanto los descubría en el aire y en tierra. De los 80 que comenzaron la campaña, sólo 8 consiguen retirarse y aterrizar en Francia para pasar después a la zona roja.
Habían sido abatidos 51 aviones en combate, cifra que puede ser considerada absolutamente cierta. Pudo comprobarse la rotunda eficacia de la aviación al observar los muelles del puerto destrozados, ferrocarriles levantados y depósitos en llamas, siete buques hundidos. En dos meses de trabajo incesante, como no lo admiten las normas de empleo, el material estaba necesitado de descanso y revisión ; no se debe cargar bombas y gasolina y salir al aire continuamente, so pena de agotar el material.»
En cuanto a las fuerzas terrestres republicanas, las pérdidas constantes diezmaban los batallones. La penuria de efectivos se hace angustiosa. Las bajas no pueden cubrirse. El movimiento de batallones completos desde zonas pasivas no resulta suficiente. La movilización de quintas y la formación formación de nuevos batallones, no puede dar resultados dada la urgencia. La calidad de estas nuevas Unidades es bajísima.
La ausencia de mandos resulta dramática, no hay tiempo para formación y se recurre a los ascensos por “méritos”. Un informe del teniente coronel Linares dice
«Para oficiales se echó mano de todos los oficiales disponibles, la mayoría sin la indispensable aptitud. Fue necesario dar empleos, incluso de capitán, a soldados y cabos que se destacaban en la lucha, supliendo el valor a la preparación»
En estas situaciones es normal que la moral se resquebraje. El teniente coronel Linares dice
«costaba gran trabajo hacer ocupar a los batallones sus puestos y conservar el contacto entre unos y otros».
Tarea difícil resultaba impedir las retiradas, que se incrementando con el paso de los días, favorecidas por el amparo de la población civil; pese a las medidas drásticas tomadas. Según Buzón, se dio orden de fusilar a todo jefe de posición que la abandonase sin haber sufrido la pérdida del 50 por 100 de sus efectivos, «orden que se cumplió de modo inexorable», perdiendo la vida «no pocos tenientes y capitanes» ante un pelotón de ejecución. Quedaron impunes muchos casos de abandono del puesto frente al enemigo.
La heterogeneidad del armamento constituyó un problema logístico irresoluble. Algunos batallones acabaron teniendo hasta siete modelos de fusiles. El municionamiento de la artillería era complicadísimo y casi siempre insuficiente y defectuoso.
El vestuario fue otro infierno. Según Linares, en el frente de León murieron de frío soldados en sus posiciones. No se estaba preparado para este tipo de guerra. Se estaba en pleno combate de montaña y no se disponía de ganado.

Obra derivada de Mapas Generales IGN
El general Dávila busca con las operaciones en Asturias el objetivo básico de la batalla ofensiva: la destrucción del enemigo.
No es posible la sorpresa táctica o de fuegos. Pero la extensión del frente astur-leones permite la sorpresa estratégica. Con superioridad de fuerzas y sobre una zona de operaciones en la que el enemigo se encuentra aislado, no resulta complicado ejercer los esfuerzos ofensivos desde puntos lejanos. Se puede obtener la sorpresa estratégica.
Esta situación tan desfavorable para la defensa, le obliga a fijar fuerzas en los puntos críticos de todo el frente. Prada siempre tuvo en consideración una posible ofensiva enemiga desde Oviedo y su «pasillo» o desde la línea del Narcea. Hipótesis muy peligrosa que amenazaría la retaguardia de las fuerzas que se oponían al avance de las columnas nacionales desde el Este y desde los puertos. Ahí quedarían fijadas las mejores fuerzas del Ejército de Norte del EPR.
Si no se dispone de reservas adecuadas, el problema táctico resulta de muy difícil solución.
La decisión nacional es lógica: combinar dos direcciones de ataque, una, desde el Este, por un frente considerado principal, otra de flanco, desde los puertos, sobre el principal.
El frente principal de ataque es por la costa, donde el 1 de septiembre no hay realmente consolidada ninguna línea de defensa. El ataque de flanco se lleva a cabo por el frente interior «O de los puertos». Prada deberá adaptar su despliegue a esta situación e improvisar una línea sobre el Sella, la más fuerte, que deberá detener al enemigo hasta la llegada del invierno.
El tiempo y la geografía son factores de gran importancia. Ambos desfavorables para la ofensiva. Intensas lluvias y nieblas paralizaron en diversos momentos los avances. El abrupto terreno, pura montaña, hizo extraordinariamente penosos los avances, con ausencia frecuente de vías de comunicación. Las tareas de movimiento de la artillería y de los abastecimientos, principalmente municiones, siempre a lomo, requerían esfuerzos titánicos por parte de hombres y bestias.
La superioridad nacional en efectivos fue determinante y permite el reparto más adecuado según evolucione la situación. Solchaga pierde dos Brigadas que pasan a depender de Aranda, pero siempre mantiene fuerzas suficientes para su avance en profundidad y para disponer de las reservas adecuadas. Al mismo tiempo que Prada pierde fuerzas que no puede reponer, las fuerzas nacionales crecen a medida que se reduce la línea del frente.
Una campaña de superioridad de fuerzas, contra el terreno, el tiempo y la resistencia enemiga. Esta resistencia y las completas destrucciones y obstrucciones en las escasas líneas de comunicación, impidieron la persecución del enemigo, que sólo se producirá en los últimos momento de la Campaña

Obra derivada de Mapas Generales IGN
La República ha perdido el Norte. El 37 ha sido el año del Norte. Franco asume el cambio de objetivo estratégico principal, el centro de gravedad de la guerra pasa de Madrid al Norte.
El Mando republicano conoce perfectamente el valor del Norte pero las circunstancias política y militares que conforman ese frente son absolutamente desfavorables. El apoyo militar directo es imposible por lo que el esfuerzo republicano se volcará en emprender operaciones militares estratégicas en otros frentes, principalmente Brunete y la gran ofensiva sobre Zaragoza, que obliguen al Mando nacional a detener la ofensiva en el Norte. La república no dispone de capacidad real para llevar a cabo esos planes.
Franco tampoco está dispuesto a desviar su atención del objetivo principal, intentará hacer frente a esos esfuerzos republicanos mediante movimientos de Reservas y Unidades sacadas de otros frentes. Sabe perfectamente que en el Norte se juega el resultado de la Guerra.
Con el Norte, la Republica pierde todo. En la parte militar ha desaparecido el Ejército del Norte completo, con sus tres Cuerpos de Ejército, más de 230.000 combatientes, y la principal industria militar de España.
Franco gana todo. Gana población, industria, minería, agricultura, pesca, etc. Pero sobre todo, queda liberada una fuerza potentísima, de gran calidad militar y con una fuerte moral. Toda la Flota se traslada al Mediterráneo. Rápidamente se constituirán dos nuevos Cuerpos de Ejército, totalmente alistados y dotados, que permitirán al CG de Franco pasar a la ofensiva en frentes donde hasta ahora se defendía con dificultad.
El curso de la guerra cambia totalmente. El Centro de Gravedad se traslada del Norte a Aragón. Aquí se darán las Grandes Batallas y acabará la Guerra.

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